miércoles, 3 de abril de 2013

Paul Vivie "Velocio", el padre del cicloturismo.




Sirva esta pequeña biografía como mi homenaje particular a un hombre que amó por encima de todo el ciclismo en su variante no competitiva, sino por el puro placer de disfrutar de la bicicleta y de lo que se podía hacer con ella y gracias a ella, conceptos que humildemente y desde mi admiración comparto 100 después. 

Paul Vivie nació en Saint Etienne (Francia) en 1853. Ante todo fue un amante del ciclismo aunque no compró su primera bicicleta hasta los 28 años en 1881, mismo año en que fundó el club Les Cyclistes Stéphanois. También fue inventor y periodista, usando el seudónimo de "Velocio". Es considerado el padre del cicloturismo, palabra que él mismo acuñó en francés, cicloturisme. Murió en 1930 a los 77 años junto a su bicicleta, como no podía ser de otra manera. Intentó evitar un coche en la carretera dando un paso atrás mientras empujaba su bici, pero tuvo la mala fortuna de ser embestido por un tranvía. Seguramente aún le quedarían muchos años y kilómetros por delante.

Paul Vivie "Velocio" 1853-1930


La auténtica pasión de Vivie despertó a raiz de que uno de sus amigos le desafiase a recorrer en su nueva bicicleta 100 km en seis horas. La paz, la aventura y el paisaje con los que se encontró en aquel trayecto le transformaron y a partir de entonces empezó a adquirir nuevos modelos. Cerró su empresa dedicada a la seda y abrió una nueva dedicada a las bicis en 1887, primero importándolas de Inglaterra y más tarde fabricando las suyas propias. Fundó la revista que se conocería por el nombre de Le Cycliste.




Velocio fue también el creador del cambio trasero al que llamó “polymultiplication”, que más tarde evolucionaría hasta los cambios actuales. En una de las subidas que Velocio hacía en su bicicleta al col de la République, un collado cerca de Saint Etienne fue adelantado por uno de los lectores de su revista que iba fumando una pipa. Pese a que se picó con él no pudo alcanzarle porque su desarrollo no le permitía moverse igual de rápido en subida. Esto le hizo reflexionar sobre la escasa funcionalidad de ciertos desarrollos en distintas pendientes ideando el primer cambio trasero. En 1906 su desviador empezó a fabricarse industrialmente pero no llegó a registrar la patente no obteniendo dinero por uno de los inventos claves para el desarrollo del ciclismo.

Al principio su inventó era despreciado por los demás ciclistas que sostenían que los cambios solo eran para los abuelos, las mujeres y los inválidos. En 1902 se organizó un reto que llevaría al ciclista profesional Edouard Fischer a competir en su bici sin marchas durante 200 km por carreteras de montaña contra la ciclista Marta Hesse, que montaba una bici de tres velocidades. La ganadora fue Hesse, que no tuvo que poner el pie en el suelo durante todo el recorrido. Aún así, durante algunos años más siguió imperando “la fuerza de los músculos” frente a “el artificio de un desviador”.

Fue uno de los primeros ciclistas de larga distancia, haciendo rutas de hasta 40 horas en bicis antiguas y en épocas en que las carreteras no eran como las actuales. Defendía que en la bicicleta se disfrutaba mucho más del paisaje que en cualquier otro medio de transporte y fue a raíz de esas largas excursiones que empezaron a crearse en Francia las primeras pruebas no competitivas de largo recorrido, como la aún existente Flèche Velócio, nombre con el que se le homenajea desde el año 1947 en el que equipos de ciclistas formados por tres o cinco componentes salían desde la catedral Notre-Dame en Paría para viajar hasta la Provence por Pascua, debiendo recorrer un total de 360 kilómetros en 24 horas.







Pero además de todo esto que hemos visto fue un visionario y defensor de las ruedas de 20” y las bicicletas pequeñas, intentando demostrar la eficiencia de las mismas frente a las clásicas ruedas de 28”. En la década de 1920 defendió el uso de los neumáticos del globo de hasta 2.25 para las ruedas de 20" (500mm), dándole un diámetro total a la rueda alrededor de 24" (600 mm) Él llegó a sus conclusiones tras una vida en la que pedaleó el equivalente a 15 vueltas al mundo, todo en él era un trabajo cuidadoso y experimental con el fin de mejorar el diseño de la máquina y el método de montar. 




Ya en 1911 escribía: "Mi propia experiencia ha ido más allá de los 50 centímetros de las ruedas equipadas con neumáticos de 50 milímetros, pero puedo garantizar que en un experimento que se extiende a mas de 15.000 kilómetros recorridos, éstos no tienen el menor inconveniente desde el punto de vista de su funcionamiento . Simplemente me parece que son más propensos a patinar, pero esto tal vez se deba al hecho de que sus neumáticos no tienen rodadura y que la bicicleta es muy corta".

Durante los siguientes diez años cicloturistas británicos emularon el uso de las ruedas más pequeñas. Entre ellos CA Davison, experto ciclista que usando ruedas de 24 "x 1 5/8" (600mm x 40mm) recorrió 8.100 kilómetros declarando que su uso fue muy satisfactorio. También Medwin Clutterbuck, diplomático, usando ruedas 22 "x 1 3/8" (560mm x 35mm) hizo una gira por los Alpes, Dolomitas y Noruega, a menudo en caminos mal pavimentados y en Inglaterra llegó a cubrir hasta 320 km en un día. Medio siglo más tarde, todavía se considera la bicicleta usada por Medwin construida con ruedas pequeñas, el epítome de lo que una máquina touring debe ser.


La idea de una reducción del diámetro de la llanta y que a su vez se correspondía con un aumento en el área de la sección transversal, sin duda tenía mérito. El volumen de aire y la presión era la misma que en el neumático convencional, mientras que la mayor sección transversal compensaba (y podía incluso mejorar a) el trayecto mas duro de la rueda pequeña. Curiosamente, las balloon tyres actuales y tan de moda como las Schwalbe Big Apple intentan vender estos conceptos como lo último de lo último en comodidad y eficiencia y hace casi 100 años Velocio ya los estaba usando.

A Velocio se le atribuyen los famosos 7 mandamientos del cicloturista, que en mi particular opinión no sólo siguen vigentes, sino que se deberían seguir en largas marchas.

Los 7 mandamientos del cicloturista

1. Pocas paradas y por poco tiempo, para no enfriarse

2. Comer frecuentemente y en poca cantidad. Comer antes de sentir hambre. Beber antes de sentir sed.


3. No llegar nunca al estado de cansancio anormal, que produce falta de apetito y de sueño.


4. Cubrirse antes de tener frío, descubrirse antes de tener calor, no temer exponer la piel al sol, al aire y al agua.


5. Eliminar de la dieta (por lo menos mientras se viaja) el vino, la carne y el tabaco.


6. No forzarse, no sobrepasar la propia capacidad, sobre todo durante las primeras horas, cuando uno se siente lleno de fuerzas.


7. No pedalear nunca por amor propio.



Monolito en honor a Velocio

Paul Vivie "Velocio": “La bicicleta no es sólo una herramienta de transporte, sino también un medio de emancipación, un arma de liberación. Libera el espíritu y el cuerpo de las inquietudes morales, de las enfermedades físicas de la existencia moderna, de la ostentación, de la convención, de la hipocresía – dónde la apariencia lo es todo, donde parecemos, pero no somos nada.”