sábado, 15 de marzo de 2014

La soledad del ciclista plegable

Hoy ha sido uno de esos días en que te das cuenta que eres un especimen de ciclista casi único, y que la soledad es tu única compañera. Como cada mañana de sábado que el trabajo lo permite me levanto temprano, como cualquier día de entre semana, pero a diferencia de esos días, lo hago solo. El silencio inunda la casa, solo es roto por el jadeo continuo de Gretta que me sigue de acá para allá esperando que la baje antes de irme. 

Salgo a la calle y a diferencia del resto de mañanas el silencio inunda toda la calle. Todos los vecinos están aprovechando esos minutos extras entre las sábanas que ofrecen los sábados. Como no pude localizar a nadie me toca salir solo y comienzo a pedalear con unos frescos 8ºC. 

Mientras pedaleo con el único acompañamiento del rítmico zumbido del cambio Sturmey Archer,  hace que me invadan mis soliloquios y asiento con resignación a las afirmaciones que me hago sobre una España de modas. Sí, España es un país de modas y según el deportista, el deporte o el equipo que esté obteniendo resultados, los españoles se afanarán en practicarlo a imagen y semejanza de sus héroes deportivos. Si Contandor gana el Tour todos montamos en bicicleta de carretera, si gana Hermida el campenato del munndo de Mtb todos nos lanzamos a las mtb de 29". Pero no hay ciclistas plegables, soy el único de mi especie y como tal, el resto de especies evitan interactuar conmigo por miedo a lo desconocido, supongo.

Voy viendo grupos de ciclistas de mil colores con ruedas grandes, ruedas finas, ruedas gordas, pero yo sigo rodando en soledad mientras me esmero en sonreír y saludar cordialmente con el afán de poder mantener algunas palabras o rodar algunos kilómetros en compañía.

La soledad en algunos momentos es un tesoro y en otros es una pesada losa, hoy era de esos días que se acercaba más a losa. Aunque el sol y el mar azul me suelen animar y hacerme sonreír, hoy no era suficiente. No obstante, la ruta ha sido buena y he ido a buen ritmo. Mi Brompton y yo apuramos en soledad los últimos kilómetros y nos concienciamos que este es nuestro sino. Quizás en otras tierras lejanas la especie del ciclista plegable abunde a pesar de las modas y puedan pedalear grupos en compañía, se que sí, pero por ahora el ciclista plegable seguirá rodando muchos días en soledad.


Al final han sido 66.71 km en 2 horas y 54 minutos a una velocidad media de 23 km/h.