miércoles, 23 de abril de 2014

StringBike, una revolución en la transmisión de la bicicleta

Cuando los clásicos del ciclismo como yo, vamos viendo los avances en el mundo de la bicicleta, no damos cuenta que casi todo está inventado. En algunos casos concretos, como ocurre con el sistema StringBike, es cuando ves que te has equivocado y que todavía hay cosas nuevas que ver y que el mundo de la innovación en el ciclismo es impensable. Sus creadores son ingenieros de la Universidad de Budapest (Hungría) y han conseguido crear una transmisión diferente a las existentes.

http://www.stringbike.com/

https://www.facebook.com/stringbike

http://vimeo.com/24255947





Lo primero que salta a la vista cuando observas el impresionante sistema de transmisión de StringBike es ¿donde está la cadena, el plato y los piñones?. La principal novedad de este sistema es que no lleva nada de eso, ni cadenas, ni platos, ni piñones y tampoco aceite o grasa. La transmisión de la Stringbike se compone de dos brazos basculantes de aluminio triangular, uno por biela, conectados a través de unas cuerdas de polímero de alta resistencia, denominado Dyneema, con ambos extremos del buje trasero a modo de carretes de pesca. Al pedalear se obtiene la misma sensación que al pedalear con una bicicleta normal. Las bielas convierten el pedaleo circular en un movimiento hacia atrás y hacia adelante horizontal. Esta fuerza se transmite a la parte trasera por las cuerdas de polímero Dyneema, que tiran de los carretes a ambos lados el buje trasero, haciendo que gire. Hay dos transmisiones idénticas en cada lado de la bicicleta, una por biela, compensado las pérdidas de punto muerto y transmitiendo energía constante. 

Su rango de velocidades se eleva hasta 19, abarcando la misma relación que cualquier tipo de bicicletas con un solo mando que ira desplazando la polea de la biela en función de la velocidad elegida.
 
 
 
 

 



Las ventajas son a priori muy evidentes. Limpieza, mínimos elementos mecánicos, muy silenciosa, cambio de las cuerdas Dyneema cada 10.000 kilómetros sin dificultad, facilidad a la hora de extraer la rueda trasera en caso de cambio de cuebierta o pinchazo y funcionamiento constante con independencia de las condiciones climáticas, no afectándole el barro ni el agua. Por supuesto, tiene un handicap, y es el precio, que resulta algo alto para una tecnología que, aunque parece muy fiable, es demasiado novedosa.