lunes, 25 de febrero de 2013

"Crónica de un pique anunciado..."

Al igual que en la novela de Gabriel García Marquez, era algo que estaba anunciado y que tarde o temprano tendría que ocurrir.

La mañana se presentaba como todos los días, nada hacía presagiar lo que horas más tarde ocurriría. Después de bajar a Gretta a hacer sus cositas, acompañar a mi pre-adolescente al autobus para el Instituto, desayuné con la "jefa" y le dije que la mañana era buena, que saldría un rato con la bicicleta. 

Preparativos para salida sólo y no muy larga, bidón con isotónica y barrita de cereales. Miro el termómetro y parece que hace rasquilla, 11º, explico que aquí en Almería, esa temperatura es rasquilla. Chaqueta softel, braga, culotte de invierno y salida.

Como mola meter la bici en el ascensor sin problemas

Comienzo a pedalear y tengo buenas sensaciones, estoy cada vez más acomodado a la bicicleta y al sillín. Comienza a soplar viento, decido ir hacia Almería y así traerlo luego a favor. Cuando llego a Costacabana la playa está espectacular y paro a comer la barrita de cereales y aprovecho para tirar algunas fotos.






Comienzo el regreso a casa, ahora con viento a favor, ..."no corta el mar, sino vuela una Tern Link P9...". En un momento dado avisto en la lejanía la silueta de un ciclista, voy volando, y  me planto a su altura en un abrir y cerrar de ojos. Es una bicicleta de montaña adaptada para la carretera con slicks y al pasar a su altura, momentos antes de sobrepasarlo cruzamos las miradas y le saludo con un "buenos días", dos golpes de pedal y le dejo atrás. Es en ese preciso instante cuando escucho ese chasquido característico de bajar coronas y el zumbido de los neumáticos en el asfalto, lo tengo justo detrás.
Sonrío y pienso que continúe, pero una sensación recorre mi cuerpo y sin saber muy bien porqué yo también bajo otra corona. Acabábamos de echar toda la leña al fuego, el "pique" estaba servido. Durante unos kilómetros de arrearle a la Tern, siento a ratos el pedaleo del ciclista anónimo justo detrás hasta que llega un terreno de toboganes con algún repecho, es aquí donde aprieto y las ruedas pequeñas escalan con soltura y poco a poco voy poniendo tierra de por medio. Los siguientes kilómetros, aunque no miraba hacia atrás, sabía que no me seguía, aún así mantenía el ritmo alegre sabedor que no me había sobrepasado.

Al entrar en el caso urbano en Aguadulce, debo para en un semáforo y justo antes de abrir, escucho una voz sofocada desde atrás que dice: "joder con la bicicletilla, como anda". Ahora si miro hacia atrás, volvemos a cruzar las miradas, le sonrio, él me devuelve la sonrisa, pero aprieto la salida y bajo corona para dejarlo definitivamente atrás.

Ya faltan escasos kilómetros para llegar a casa y pienso en el rato de "pique" sano que he tenido durante los kilómetros de vuelta, sonrío y pienso cuanto tiempo hacía que no "picaba" y me divertía tanto. Seguramente, mi compañero de "pique" se habrá ido hoy a casa con la sensación de que su estado de forma está por los suelos porque no ha sido capaz de cazar a un tío que iba en una bicicleta con ruedecillas de juguete,  pero las apariencias engañan.

Finalmente han sido 52 kilómetros en 1 hora y 59 minutos a una velocidad media de 26 km/h.