jueves, 6 de febrero de 2014

El ciclista "ciclófobo"

Tras soportar nuestra segunda ciclogénesis explosiva, con vientos superiores a los 100 km/h, hoy ha amanecido el típico día despues de la tormenta. Un espectacular día de sol y calma chica. Tras empaquetar al pre-adolescente para su instituto y el escolar a su colegio tenía unas cuantas horas antes de entrar a trabajar para poder disfrutar con mi Brompton.

Aunque en mi zona ya no causa tanto asombro la imagen que proyecto sobre mi bicicleta de ruedas pequeñas, aún queda algún vecino rezagado que de vez en cuando se sorprende ante un ciclista + bicicleta tan particular.

Mientras pedaleaba en dirección a Almería, absorto en mis pensamientos y disfrutando del frescor matutino en el rostro mezclado con el calor del esfuerzo, un ciclista anónimo ha aparecido en escena. Estaba saliendo de la Avda. de Cabo de Gata cuando un ciclista de carretera perfectamente pertrechado con bicicleta de altísima gama, gafas de espejo y maillot multicolor ha realizado un comentario en alto al sobre pasarme. Soy un hombre tolerante, dialogante y firme convencido de la resolución de conflictos mediante la mediación, pero aún así, siempre hay alguien que me recuerda el porqué estamos en el furgón de cola en educación y buenas maneras. Acababa de ser víctima de un comentario "ciclófobo", siendo menospreciado por mi condición de ciclista plegatero o foldingbiker. Probablemente era la primera bicicleta plegable que veía en su vida la criatura y pensaría que si no circulas con una team réplica de algún equipo de moda no eres nadie. Lo que ha ocurrido es que he tenido que apretar los dientes, meter 6ª velocidad y mantenerme a su rueda por unos cuantos kilómetros, pese a que ha intentando despegarse le he podido mantener un tiempo. Por supuesto, al final se ha marchado relatando en voz alta algún tipo de perolata que no he sabido ni querido comprender.



He continuado con mi camino y casualidades de la vida, cerca del Toyo he rebasado al ciclista "ciclófobo" que estaba hablando por teléfono en el arcén. Al verme pasar a su altura y regalarle una enorme sonrisa y un estruendoso "buenos días", su cara ha cambiado de color y puede, y vuelvo a insistir, puede que haya llegado a pensar que las bicicletas con ruedas pequeñas también tienen derecho a andar por estas carreteras de Dios.

No obstante, la mañana estaba siendo tan buena que nada ni nadie me la ha podido arruinar y tras llegar al Toyo me he dado la vuelta en la rotonda y vuelta a casa. Magnífico ritmo y sensaciones.


Al final han sido 68,4 kilómetros en 3 horas y 1 minuto a una velocidad media de 22.5 km/h.