Hay días en los que uno se levanta, mira su bicicleta plegable de ruedas de 16 pulgadas y piensa: "¿y si hoy me adjudico el maillot de rey de la montaña?". Eso fue exactamente lo que pasó hoy cuando decidí salir desde Roquetas de Mar con mi fiel Brompton de 6 velocidades y su plato de 44t dispuesto a completar un bucle que a mas de uno le da respeto en bici de carbono.
El plan era sencillo, o al menos eso decía mi optimismo: Roquetas de Mar, El Parador, subir a la Villa de Vicar, enfrentarme a las herraduras de "La Pintoresca" hasta el cruce de Felix y dejarme caer por la Envia. Un paseo si tuviera las piernas de Miguel Induraín.
El inicio por la carretera del Alicún hasta El Parador fue idílico. Rodando ligero, el viento a favor y la Brompton desplegando su magia urbana. La media de velocidad prometía. Sin embargo, al dejar atrás el llano y enfilar la carretera hacia Vicar Pueblo, la gravedad hizo su acto de presencia.
Aquí empezaron los primeros avistamientos de "especie exótica". Ciclistas perfectamente depilados, equipados con cambios electrónicos me adelantaban con una expresión que mezclaba compasión y el desconcierto.
Pasando Vicar Pueblo, la carretera AL-3301 se estrecha y se retuerce. Entraba oficialmente en "La Pintoresca". Mi buje de 3 velocidades internas con el desviador de 2 piñones, el maravilloso y espartano sistema de 6 velocidades de Brompton empezó a pedir clemencia.
Y entonces llegó...el muro del 12.3%. Si alguna vez has intentado subir una rampa del 12% en una bici plegable con ruedas pequeñas, sabes que no estás pedaleando; estás haciendo un pacto con las leyes de la física. A una potencia promedio de 100 vatios, mis piernas se convertían en un intento de prensas hidráulicas.
Con una cadencia que por momentos parecía a cámara lenta, la Brompton demostró un pundonor digno de mención. Las ruedas pequeñas giraban como locas, devorando el asfalto, no tan rápido como uno desearía, mientras yo buscaba una última marcha fantasma que obviamente no existía.
Tras sudar hasta la última gota y dejar en el asfalto 951 kilocalorías, el equivalente a tres platos de migas almerienses, coroné el cruce de Felix. Miré el ciclo computador y los números no mentían. Había doblegado 594 metros de desnivel positivo, ¡Casi 600 metros en una bici urbana!. El crono se detuvo en 02:03:50 para completar los 34.25 kilómetros de la ruta. La velocidad media fue de unos dignos 16.6 km/h, nada mal para ir sentado sobre un cuadro que se dobla en tres partes.
Si la subida fue épica, la bajada por la Envia fue pura adrenalina. Descender un puerto con ruedas de 16 pulgadas te da una sensación de velocidad que ríete de la Fórmula 1. La estabilidad de la Brompton sorprende siempre, pero no sus frenos que te recuerdan que no lo vuelva a hacer. Al llegar a la costa las llantas estaban incandescentes y yo tenía una sonrisa de oreja a oreja.
No hace falta un cuadro de carbono aero ni 24 velocidades para conquistar puertos de montaña. Solo necesitas dos piernas dispuestas a sufrir, 6 marchas bien aprovechadas y las ganas de ver la cara de la gente cuando se cruzan contigo montado sobre una Brompton.
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